El ciclo ‘Satélites’ de la Orquesta y Coro Nacionales de España (OCNE) es una oportunidad excelente para las iniciativas individuales de los excelentes músicos que integran las dos agrupaciones, permitiendo plasmar que sus aspiraciones particulares, muchas veces limitadas por sus obligaciones orquestales o corales. La creación de un grupo de cámara que pueda abordar obras del gran repertorio es quizás una de las satisfacciones personales más satisfactorias para cualquier músico que se dedique a estas lides, sobremanera si sabe rodearse de colegas de cualidades sobresalientes.
Esta pequeña introducción puede definir la formidable velada que nos ofreció Il Maniático Ensemble, quienes nos interpretaron en una reducción de cámara la asombrosa y extraordinaria Sinfonía número 4 en Sol Mayor de Gustav Mahler.
Il Maniático Ensemble es un grupo de cámara flexible que, según tengo constancia, comenzó su andadura hacia 2021 por iniciativa del oboísta Robert Silla. Como feliz sincronía con la programación del ciclo sinfónico de la OCNE -pudimos disfrutar de esta misma sinfonía en fechas realmente vecinas- la reducción de la pieza realizada sabiamente por Ian Farrington (1977), excelente pianista, organista, compositor y arreglista británico, nos demostró que esta rara avis del catálogo sinfónico de Gustav Mahler, funciona a la perfección en una versión camerística, puesto que su extensión, complejidad y aparente menor densidad musical así lo permiten. Calificada en su estreno como “grotesca” o “cómica” por la crítica, hoy se ha convertido en una de las creaciones más queridas y populares de su autor.
La orquestación original, además de la cuerda, y la soprano solista de su cuarto movimiento, consta de cuatro flautas, tres oboes, tres clarinetes, tres fagotes, cuatro trompas, tres trompetas, timbales, percusión, glockenspiel y dos arpas, con lo que comprobamos el fabuloso trabajo realizado por Farrington conservando en su arreglo solamente a un quinteto de cuerda, una flauta, un oboe, un clarinete, un fagot, una trompa, una trompeta, un trombón, un percusionista, un timbal y un arpa.
Les puedo adelantar que cada instrumentista, así como la soprano, mostraron un nivel musical espléndido, y una pasión musical y un compromiso con la partitura y con el grupo de cámara que difícilmente se perciben en las dos agrupaciones sinfónicas.
La icónica introducción de los cascabeles y la flauta del comienzo del primer movimiento, Bedächtig. Nicht eilen (Circunspecto. Sin prisas) iluminó de inmediato al grupo de músicos y al público como si de un resorte inspirador, etéreo y de una viveza inusitada se tratara, que especialmente la destreza del flautista Álvaro Octavio preconizó lo extraordinario de la velada.
Presenciamos en los cuatro movimientos una especial vitalidad de derroche expresivo, desde la formidable calidad técnica individual, pero aunada en un sobresaliente conjunto de cámara a modo de pequeña orquesta sin director.
Debemos alabar las virtudes del quinteto de cuerda, comenzando por su violinista primera, Ane Matxain, de sonido especialmente intenso y de una determinación máxima, que nos hizo olvidar las secciones de violines de nuestras orquestas que degustan la deliciosa partitura mahleriana y que confirió de verdadero ente autónomo a los cinco músicos de su sección.
Destacaremos también la primorosa técnica y el bellísimo sonido del violonchelista Josep Trescolí, quien incluso en el registro más agudo del violonchelo irradió esa belleza sonora tan poéticamente especial de las melodías de Gustav Mahler. Esto se hizo muy patente en el tercer movimiento, Ruhevoll (Tranquilo) (Poco Adagio), donde conformó un trio de cuerda con pasajes de verdadero etéreo ensueño junto al violinista Mario Pérez y a la violista Alicia Salas.
La contrabajista Laura Asensio se mostró en todo momento como un férreo motor de tempo, manteniendo de un modo orgánico la carencia de director, tanto en el manejo del arco como de un modo especial en el pizzicato, pero facilitando siempre los rubatos y accelerandos del apasionado ensamble presentes en toda la sinfonía.
La sección de viento, que aportó un colorido singular a cada sección de las mágicas notas del compositor, se conformó como un torrente de vitalidad arrolladora en los cuatro movimientos, seguramente contagiados por su oboísta, pero demostrando individualmente una energía envidiable y un compromiso musical apabullante, que contagió a un público fascinado. Especialmente ensoñadoras y deslumbrantes fueron las melodías del propio Robert Silla en el Oboe, pero no se quedaron atrás las de Eduardo Raimundo en el clarinete ni las secciones de una riqueza tímbrica especial del fagotista Enrique Abargues.
Mención especial merecen los dos componentes de la familia de viento metal, tanto Manuel Blanco como Pedro Jorge, trompeta y trompa respectivamente, quienes tuvieron la difícil tarea de suplir las secciones mahlerianas para sus instrumentos convirtiéndolas en sonoras, brillantes, firmes y precisas. Como resultado a este derroche vitalista y de conjunción espectacular junto a sus colegas de la cuerda, la generosa acústica de la sala de cámara de reducidas dimensiones del Auditorio Nacional hubiera necesitado de decenas de metros de construcción adicional para hacer justicia tanto a los intérpretes como a la fastuosa música del compositor de Kaliště.
Esta peculiar composición, tan aperientemente plácida y optimista del atormentado mundo mahleriano culmina con un movimiento tan singular como entrañable, su cuarta sección, con indicación de tempo Sehr behaglich (Muy cómodo), que es en realidad un lied para soprano solista y orquesta titulado Das himmlische Leben (La vida celeste) y que es la culminación de la sinfonía y de su mensaje tan hermoso como terrible, la visión del Paraíso celestial por un niño que ya no está entre nosotros, pero que alaba y disfruta de las delicias del más allá descritas de un modo terrenal.
El texto, tomado de Das Knaben Wunderhorn (El cuerno mágico de la juventud) es una afamada colección de textos de canciones populares alemanas que inspiró a Mahler y a compositores como Mendelssohn, Weber, Loewe, Brahms, Schumann e incluso Schönberg. La escritura de este complejo lied de orquestación milimétricamente ideada fue expresada con exquisitez por la soprano Margarita Rodríguez, quien, desposeída de partitura, hizo propio el bellísimo texto tan largo como ideológico, expresado empáticamente con sus compañeros situados en el escenario, pero también con el público, en un alarde técnico de compleja tesitura -central e incluso grave para una soprano- que realizó un ejemplar ejercicio de música de cámara y de humildad junto a sus colegas del ensemble. La comunicación emanada desde el escenario trascendió a los espectadores, que atónitos, guardaron un clamoroso silencio al finalizar este breve pero intensísimo broche de oro.
El público ovacionó cálidamente a todos los intérpretes en una velada de altísima calidad musical, tanto individual como grupal, y que, esta vez sí, podremos disfrutar en diferido gracias a su grabación por parte de los micrófonos de Radio Clásica.
Simón Andueza
Margarita Rodríguez, soprano. Il Maniático Ensemble.
Gustav Mahler (1860-1911), Sinfonía núm. 4 en Sol Mayor (arr. De Iain Farrington)
Ciclo ‘Satélites’ de la Orquesta y Coro Nacionales de España.
Sala de Cámara del Auditorio Nacional de Música, Madrid. 17 de marzo de 2025, 19:30 h.