El público agradeció cumplidamente la devolución de la visita que la Orquesta Sinfónica de Bilbao ofreció en la sede de la Orquesta Nacional de España, que ésta devolvió en el Palacio Euskalduna.
Nos ofrecieron dos partes del concierto bien distintas con una característica en común: dos obras primerizas de los respectivos compositores con una acogida del público de su época más bien negativo. De Manuel de Falla, en primer lugar, el Interludio y danza de la ópera La vida breve, obra en dos actos que tuvo que ser traducida al francés para poder ser estrenada en Niza en 1913. Con gran influencia del impresionismo, sobre todo de Debussy y Ravel (con el que mantuvo una muy íntima amistad). En segundo lugar y del mismo autor, Noches en los jardines de España, pieza para piano y orquesta más expresiva que descriptiva donde podemos identificar claramente los murmullos de las fuentes o la brisa moviendo las hojas de los árboles.
El pianista que debía ejercer de solista fue Juan Floristán, uno de los mejores intérpretes del instrumento en estos momentos no en vano ha sido el ganador de los premios Concurso Internacional de piano Paloma O’Shea y Arthur Rubinstein, pero que en realidad se convirtió en un instrumento más de la orquesta. Un pianista diferente, situado por propia decisión fuera del Star System, que lee asiduamente filosofía (S.Zizek), ha escrito guiones de cine y obras de teatro, actor, tiene un grupo de cámara, profesor de música y tuvimos, recientemente, la oportunidad de apreciar su sentido del humor en el programa de televisión “La Revuelta”. Es cierto que la participación del piano en la obra no es precisamente muy dominante pero la orquesta eclipsó absolutamente su actuación. Quizá por ello nos ofreció, de regalo, una obra que no estaba en el menú: Segunda danza argentina de Alberto Ginastera donde pudo expresar toda su maestría.
La segunda parte fue completamente distinta: tanto el director, Juanjo Mena, como la Orquesta Nacional de España, exhibieron una gran comunión para ofrecernos una magnífica interpretación de la primera sinfonía de Mahler, Titán: el recibimiento de su estreno y las posteriores interpretaciones fueron un sonoro fracaso. Incluso la opinión de la que luego sería su mujer, Alma Schindler, fue absolutamente desfavorable. Gracias a la espléndida conducción y la especial participación de la sección de los vientos-metales de la formación, el público bilbaíno disfrutó, más de un siglo después, lo que los contemporáneos del músico no supieron apreciar. La variedad de los distintos movimientos: una especie de vals, una preciosa versión del famoso Frère Jacques (curiosa interpretación del oboe), la melodía de la trompa, después, condujeron, en una progresión dramática, al apoteósico final y al no menos entusiástico y prolongado aplauso.
Genma Sánchez Mugarra
Palacio Euskalduna de Bilbao
Orquesta Nacional de España
Música de M. de Falla y G. Mahler
Juan Floristán, piano
Juanjo Mena, director