Una sorpresa magnífica. Acudimos a un pequeño teatro de Madrid, Teatro Tribueñe, en la calle Sancho Dávila, 31, a ver una obra titulada Mujeres catedrales, de Hugo Pérez de la Pica. Y descubrimos una propuesta escénica que es un espectáculo musical de gran calidad, alejado del brilli brilli y los oropeles de la Gran Vía.
Pérez de la Pica no nos cuenta en Mujeres catedrales una historia propiamente dicha, sino que busca retratar mediante diversas escenas y números musicales a un personaje de mil facetas, la mujer de nuestro país, a la que equipara con catedrales, a la vez religiosa y laica, terrenal y eterna. Un esfuerzo quizá demasiado ambicioso, que, si bien no alcanza todo su recorrido posible (¿qué proyecto artístico, en definitiva, lo logra?) mantiene durante lasa casi dos horas de función un pulso dramático y extraordinario, enganchando al espectador y transportándole a un lugar muy diferente de su silla de teatro.
Para ello se sirve de dos elementos musicales, el folcklore y la música popular, con los que recorre las tierras de Castilla, de Levante, de Aragón, Navarra y Madrid, y también Andalucía. Entre poesías y canciones de su creación, y danzas y canciones de diversa procedencia, popular y culta, Pérez de la Pica nos muestra a una mujer soñada, quizá ideal, pero con fuerte arraigo en lo real. Logra transmitir, a lo largo del desarrollo dramático de la obra, el retrato de una mujer que parte de lo atávico y primordial, que nace del pueblo, y que se refina con el tiempo y el arte, aunque nunca olvida sus raíces.
Asistimos a un espectáculo de café cantante (más castizo que el cabaret, tan internacional) pero con mayor altura artística, poética y de intención dramática. Un querer contar las cosas y saber hacerlo bebiendo de una tradición teatral y musical muy nuestra, que recorre músicas, aires y ritmos populares y llega hasta nosotros a través del cuplé, la copla, y la música culta de inspiración popular.
Se trata de un espacio pequeño en el escenario y pequeño en el patio de butacas, que permite la cercanía con el público y que recuerda a esos cafés cantantes más que a una gran sala de espectáculos.
Desde el pequeño escenario (aprovechado con habilidad y buen gusto) la imaginación del artista creador y del espectador ilusionado son más poderosas que cualquier limitación material. Con una casi perfecta dramaturgia, una iluminación acertadísima, y un maquillaje y vestuario espectaculares (obra de Pérez de la Pica) fuimos transportados a otra época. Con una estética (que va del oscuro Zuloaga al luminoso Sorolla) y una forma de trabajar en la que vislumbramos elementos religiosos, tradicionales, junto con homenajes a una cinematografía antigua y un teatro de otra época, con referencias a grandes artistas de nuestras tablas y a un acerbo popular a punto de desaparecer…, todo ello, junto a la música que lo acompaña, forma un combinado teatral ideal para todo espectador ansioso de nuevas propuestas.
La música y la danza son las protagonistas de la puesta en escena de Mujeres catedrales. Números musicales en los que escuchamos ritmos tradicionales, canciones de toda la vida, fragmentos de música culta de inspiración popular (obras de Quiroga, Alonso, Falla, Malats…), junto a piezas de nueva creación, con texto del propio Pérez de la Pica y música de Albertina Domínguez (sin que este dato quiera llevarla a un segundo plano, Domínguez fue la esposa del compositor Román Alís), quien ha sabido recrear con magnífico acierto los ritmos y el espíritu de un nacionalismo musical de aires fallescos y granadescos.
Las canciones están servidas por la estupenda voz de Candelaria de la Serena, quien desde su juventud nos acerca este imaginario musical teñido de nostalgia. Magnífica artista, de gracia y presencia, destaca por su voz, con la que recorre estilos y maneras con soltura y frescura, y por su interpretación cargada de intención. Junto a ella, dos actrices de altura, Rocío Osuna y Carmen Rodríguez de la Pica, inmensas en sus papeles anónimos pero imprescindibles, y las bailarinas Raquel Valencia, María Nadal, Virginia Guiñales, y Lucinda Usaola, quienes saben recrear desde la danza estilizada (que bebe de la tradición y la hace arte) la inmensa herencia cultural que tiene la danza en nuestro país.
Todo ello acompañado al piano por Tatiana Studyonova, de quien son también los arreglos musicales.
Un triunfo del arte, de la imaginación, del trabajo pensado y consciente de quienes, como Hugo Pérez de la Pica, hacen del teatro y su tradición una forma de vida. Enhorabuena por su trabajo y adelante por este camino. Si aún están a tiempo, y les ha producido curiosidad este texto (incapaz de transmitir todo lo que pudimos ver y escuchar), acudan a Teatro Tribueñe a ver Mujeres catedrales.
Blanca Gutiérrez Cardona
Teatro Tribueñe, Sancho Dávila 31 (25 Y 26 ENE / 2, 9, 16 Y 23 FEB / 19:00h)
Voz – Candelaria de la Serena
Actrices – Rocío Osuna, Carmen Rodríguez de la Pica
Bailarinas – Raquel Valencia, María Nadal, Virginia Guiñales, Lucinda Usaola
Piano y arreglos musicales – Tatiana Studyonova
Música – Albertina Dominguez y grandes compositores españoles
Técnicos de iluminación y sonido – Miguel Pérez-Muñoz, Nicolás Orduna
Vestuario y escenografía – Hugo Pérez de la Pica