Los pasados 30 de noviembre y 1 de diciembre de 2024 debutó en la Ciudad de México la eminente directora linarense que le da título a esta nota y, como puede suponerse, fue un acontecimiento desde todo punto de vista. Para empezar, fue la segunda mujer que dirige a la Orquesta Escuela Carlos Chávez, una agrupación conformada por los jóvenes instrumentistas más destacados de la República mexicana, junto a la selección de un repertorio sinfónico que incluyó varios estrenos hispanos en México; con ellos, huelga decirlo, se incidió inteligentemente en la memoria común -con la dificultad añadida de su compleja relación diplomática- de la otrora Madre Patria y la Hija que se emancipó supuestamente en 1821.
Es importante referir que los conciertos tuvieron lugar en lo que anteriormente fue el epicentro del poder patrio, es decir, la residencia oficial de los presidentes mexicanos desde 1934, con Lázaro Cárdenas del Río, hasta 2018, cuando el mandatario Andrés Manuel López Obrador determinó que era tiempo de abrir ese espacio, tan cargado de abusos y lujos ofensivos, para usufructo, en sus palabras, del “Pueblo”. Hoy se accede libremente a lo que ahora se conoce como el flamante complejo Cultural Los Pinos.
Con respecto al desempeño artístico de la maestra Marín, las loas bullen sin tapujos. Supo contagiar su pasión por hacer música -sirviéndola con humildad- a los esforzados estudiantes logrando que la orquesta sonara, para asombro de legos y melómanos, como una formación sinfónica profesional llena de ímpetu (esto es clave, pues es un ingrediente anímico que, con más frecuencia de lo deseado, es aquello que van dejando en el camino los atrilistas “profesionales”). Asimismo, su batuta esculpió en el aire, con elegancia y precisión rara vez vistas en estas latitudes -incluyendo a sus colegas hombres-, las gemas sonoras que sustentan a su estirpe. Salvo un joven Franz Schubert de quien interpretó su Quinta Sinfonía, con la justa medida de clasicismo mozartiano, el resto del programa versó sobre la producción musical de la península.
Abrió el programa la Brahmsiana de la canaria Laura Vega (1978), sólida en su homenaje al compositor de Hamburgo y propositiva por derecho propio, continuando con la impactante orquestación -a cargo de Rafael Peralta- de Una noche en Granada del toledano Emilio Cebrián (1900-1943), un mosaico sonoro de rica sugestión poética, para concluir con la imprescindible Suite nº 2 del Sombrero de tres picos del gaditano universal don Manuel de Falla (1876-1946). Todo un banquete sonoro que suscitó ovaciones justas y espontáneas en un público que, desde los primeros acordes, se entregó sin reticencias. No sobra agregar que las alocuciones de la valerosa directora abonaron al entusiasmo colectivo, proporcionando la necesaria contextualización histórica que el repertorio exigía, y que, a manera de bis, se tocó un pasodoble valenciano, haciendo hincapié en que era la forma de solidarizarse, de los mexicanos, con las recientes desgracias hídricas avenidas en la comunidad valenciana.
No está por demás añadir que, acorde con las opiniones de los muchachos de la Orquesta Escuela, por vez primera en su trayectoria académica tuvieron al frente a una dama que no necesitó alardear ni tener tratos tiránicos para imponer su visión de la música, en otras palabras, su autoridad artística se impuso por su mera valía intrínseca, sin necesidad de fingirla.
En suma, con la enriquecedora visita de Lucía Marín a la antigua Capital de la Nueva España brotó otra vigorosa rama del árbol de la cultura hispanoamericana, tan rica de savia -con su fluir de ida y vuelta- como aquellas nacidas de un florilegio de predecesoras entre las que refulgen la marquesa Calderón de la Barca (1804-1882), autora de la mejor descripción costumbrista de la vida en México en el Siglo XIX, la enorme cantante bilbaína Elisa Zamacois y Zabala (1838-1915), la actriz gallega Prudencia Grifell (1876-1970), la compositora navarra Emiliana de Zubeldía (1888-1987), la tiple valenciana María Conesa (1892-1978) y la mirífica pintora catalana Remedios Varo (1908-1963). Las últimas cuatro determinadas a dejarse conquistar por la riqueza artística de México, convirtiéndolo en su patria de adopción. Con este quehacer femenino, huelga declararlo, la relación dialógica entre los dos países tiene mayores asideros para que logre fluir sin las tradicionales intemperancias del patriarcado.
Es de desear que su visita sea la primera de muchas y, no sería de excluir, que en un futuro cercano se le ofrezca la titularidad de alguna orquesta mexicana…
Samuel Máynez Champion *
Orquesta Escuela Carlos Chávez / Lucía Marín, directora
Laura Vega: Brahmsiana / Franz Schubert: Sinfonía No.5 / Emilio Cebrián: Una noche en Granada (orq. Rafael Peralta) / Manuel de Falla: Suite No.2 del ballet ¨El Sombrero de Tres Picos¨
30 de noviembre 2024. Complejo Cultural ¨Los Pinos¨, Ciudad de México
* Samuel Máynez Champion es músico y escritor mexicano con títulos de grado y posgrado en la Yale University School of Music, el Conservatorio Giuseppe Verdi de Milán, la Accademia Chigiana de Siena y la Universidad Nacional Autónoma de México. Es catedrático del Conservatorio Nacional de Ciudad de México, investigador del CENIDIM y ejerce la creación literaria y el periodismo cultural. Entre sus creaciones destaca la cantata escénica Un ingenioso Hidalgo en América, al alimón con el oscarizado compositor Luis Bacalov (1933-2017), la Trilogía Mexica (tres óperas trilingües -náhuatl, maya y castellano del Siglo XVI- alrededor de los últimos emperadores de México-Tenochtítlan) y la magna biografía, en tres tomos y aún en prensa, Aniceto Ortega del Villar, proto hombre de la música y la medicina mexicanas. Ha sido galardonado por el Istituto Italolatinoamericano de Roma por el consejo del World Summit Award for Apps de Dubai y el Instituto Nacional de Bellas Artes de México. Sus trabajos han sido merecedores de tesis en las Universidades Pompeu Fabra de Barcelona, Alcalá de Henares, Autónoma de Madrid, y la de Bolonia, Italia, entre otras.