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Crítica / Lina Tur Bonet, Musica Alchemica y su extraordinario Vivaldi - por Simón Andueza

Madrid - 03/04/2025

La tercera semana de la presente edición del Festival Internacional de Arte Sacro (FIAS) nos brindó a los privilegiados espectadores congregados en la abarrotada Basílica Pontificia de San Miguel, convertida en una de sus sedes principales, un concierto dedicado a la figura de Antonio Vivaldi (1678-1741) de la mejor de las maneras. Primeramente, por la interpretación como obra principal de su programa de una de sus obras más conocidas -Las Cuatro Estaciones-, tanto por sus centenares de grabaciones discográficas como por el número tan grande de interpretaciones que de ella se realizan en directo. Pero lo más destacado de esta cita, sin ninguna duda, fueron sus intérpretes, de quienes pudimos disfrutar de un modo absolutamente gratuito gracias al carácter subvencionado de la mayor parte de los eventos del FIAS. Nos referimos nada más y nada menos que a la violinista Lina Tur Bonet y del grupo que lidera desde su fundación, Musica Alchemica, absolutos referentes mundiales de la interpretación historicista y de las composiciones aquí interpretadas. Les aseguro que no exagero. Incomprensiblemente ésta es la única cita programada en la capital española de las más de sesenta que tienen actualmente agendadas internacionalmente por el planeta.

Tras unas breves y cercanas palabras de Lina Tur Bonet, la agrupación instrumental que pudimos presenciar fue semejante en cuanto a tamaño a la que el propio Vivaldi disponía en Mantua, lugar que irremediablemente inspiró por su fértil naturaleza a Le Quattro Stagioni, pertenecientes a Il Cimento dell'Armonia e dell'Inventione. Debemos recordar que en Venecia, con la que siempre se asocia a Il Prete Rosso, los fenómenos naturales descritos en la fascinante obra son casi inexistentes.

Como inmejorable aproximación a la obra instrumental vivaldiana pudimos disfrutar de dos conciertos para dos instrumentos solistas que no suelen asociarse directamente con la música del genio veneciano, el violonchelo y el laúd, ya que contamos con la presencia en la agrupación instrumental de dos intérpretes sobresalientes.

Primeramente, tras la bella Obertura de La veritá in cimento RV 739 interpretada impetuosamente como aperitivo del programa venidero, pudimos escuchar el Concierto para violonchelo en si menor RV 424 que tuvo como violonchelista solista a Marco Testori, quien interpretó de un modo asombrosamente fluido, natural e inspirador la pieza. Su bello sonido se unió a su facilidad para cohesionar de un modo formidable el amplio registro destinado a su instrumento por Vivaldi, demostrando al público el dominio técnico del violonchelo y emanando de su instrumento estimulantes notas de sonido realmente bello.

El Concierto para laúd en re mayor RV 93 que sonó a continuación contó con Jadran Duncumb como solista, absoluta delicia como instrumentista y como músico. Su pulcra pulsación en el instrumento y su exacta ejecución armónica de la partitura se aunaron a una ensoñadora lectura de la pieza que contagió de magia a una silenciosa audiencia que facilitó el necesario silencio absoluto en la iglesia que permitiera distinguir la fragilidad y poesía del sonido de su instrumento.

La pieza central de la velada, Le Quattro Stagioni, Nos. 1-4 de Il Cimento dell'Armonia e dell'Inventione Opus 8 de Antonio Vivaldi inundó de vital arrebatador torbellino a la iglesia madrileña de manos de una extraordinaria Lina Tur Bonet, que tanto como violinista como directora y líder de Musica Alchemica contagió de una energía desbordante cada pasaje de las queridas Cuatro Estaciones. No solamente pudimos observar de un modo insospechadamente cercano a una de las grandes virtuosas del violín de la actualidad, sino que pudimos experimentar directamente la evocadora poesía descrita explícitamente por el propio Vivaldi en su segunda publicación de estas piezas, no solamente gracias a sus textos impresos en el programa de mano, sino al espectacular descriptivismo musical ejercido tanto por Tur Bonet como por sus músicos de un modo absolutamente desbordante, en donde cada detalle presente en la obra maestra musical salió a la luz en un ejercicio valiente de búsqueda constante de la verdadera intención del compositor: expresar con su creación musical la poesía a modo de oda a una naturaleza ciertamente abrumadora y humana.

Para ello Lina Tur Bonet no dudó ni un instante en atreverse a expresar certeramente con su violín, traspasada plenamente la barrera técnica del instrumentista, cualquier pormenor, sea este grande, pequeño, amable, tormentoso, bello, agresivo, sutil, evocador e incluso explícito, de la genial composición vivaldiana. Su virtuosismo como solista se sumó a su contagiosa, carismática y férrea labor como directora de Musica Alchemica. Cada instrumentista escogido con mimo por la violinista ibicenca demostró sus múltiples virtudes, ya fuera como espléndidos solistas, ya fuera como contagiados miembros valiosos de un conjunto camerístico formidable. Pongamos como ejemplo el ciertamente momento del ladrido del perro encomendado a la viola, que interpretó de un modo sobresaliente Natan Paruzel. Éste es un ínfimo detalle de la grandiosa calidad de cada uno de los músicos del grupo instrumental. Podemos destacar asimismo la labor ejercida por Timoti Fregni en el violín como cómplice absoluto y complemento hábil de la interpretación de Tur Bonet, además de contar con un clavecinista tan especial y sensible como el resto de sus compañeros, Matteo Mesori.   

Las exquisita obra maestra de Vivaldi pasó como un suspiro tan breve como satisfactorio para el impresionado público del FIAS, que tras el último acorde de de L’Inverno aguantó la respiración antes de romper a vitorear y aplaudir encarecidamente, puesto en pie, a todos los intérpretes, quienes nos regalaron a modo de propina una formidable composición de Antonio Vivaldi, el primer movimiento del concierto para violín Il grosso mogul, impresionante ejercicio virtuosístico para su violinista solista, quien nos volvió a dejar boquiabiertos.

Restan todavía siete imperdibles citas de este inmenso festival, tanto por su número de conciertos como por la calidad de sus citas musicales.

Simón Andueza

 

Lina Tur Bonet, violín y dirección, Marco Testori, violonchelo, Jadran Duncumb, laúd. Musica Alchemica.

Las Cuatro Estaciones

Obras de Antonio Vivaldi.

XXXV Festival Internacional de Arte Sacro de la Comunidad de Madrid. 

Basílica Pontificia de San Miguel, 26 de marzo de 2025, 19:30 horas.

 

Foto © Simón Andueza

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