Transformar en una ópera Diálogos de Carmelitas, el intenso drama psicológico concebido por Georges Bernanos, supone un desafío de primer orden. Inspirado en la ejecución de dieciséis monjas del convento de Compiègne en plena Revolución Francesa, la dificultad principal radica en su mínimo pretexto argumental, que el dramaturgo francés concentra más en el conflicto interior de su protagonista que en una sucesión de acciones externas. Por eso, apenas nos sorprende que el esfuerzo previo de adaptación al cine fuera en principio desestimado por no considerarse suficientemente cinematográfico: traducir esa lucha espiritual —hecha de silencios, dudas y vacilaciones íntimas— al lenguaje visual y musical de la ópera exige, en suma, el talento y la fantasía de un genio superior.
A esa dificultad intrínseca e insalvable se añaden, además, las convenciones propias del género, sus inevitables requisitos formales y, no en menor medida, las expectativas de un público habituado a libretos que, con frecuencia y a diferencia de este escrito al alimón por el mismo Poulenc y Emmet Lavery, oscilan entre lo inverosímil, lo ridículo o lo directamente disparatado. Frente a ese horizonte, Diálogos de Carmelitas plantea un reto casi contracultural: sostener desde el canto una larga meditación sobre el miedo, la fe y la libertad interior, sin traicionar la hondura espiritual —e incluso existencial— que define la obra original.
Impulsado por ese afán, Francis Poulenc, que parte de un libreto interesante, pero fallido por lo reiterativo y antiteatral, firma una partitura extensa, tonal, arcaizante al tiempo que personal y tan trabajada en lo melódico, rítmico y armónico que, si uno no está familiarizado con la historia o no domina el francés, puede hacer de su primera audición algo arduo.
Viene este largo preámbulo a cuento de la segunda de las dos funciones ofrecidas en el Palacio de Festivales de Santander en un empeño loable no solo de recuperar la lírica, sino de hacerlo con obras nunca antes escuchadas en la capital cántabra. Dirigida por Pedro Halffter en lo musical y Francisco López en lo escénico, la producción de los teatros Villamarta de Jerez de la Frontera y Cervantes de Málaga nos deja un regusto agridulce y la sensación de que esos factores condicionaron seriamente el desarrollo de una larga noche en la que, por lo demás, la orquesta, el coro y todo el reparto tuvieron un desempeño satisfactorio. Sin ánimo de ser exhaustivos, nos pareció que Halffter sacó el máximo rendimiento a la Orquesta Oviedo Filarmonía y a las dos agrupaciones corales intervinientes: el Coro Joven de Santander de César Marañón y el Coro Lírico de Cantabria que dirige Elena Ramos. También advertimos un trabajo serio del espacio y el movimiento, muy inspirado tanto en la confesión de las monjas como en la escena final, aunque nos parece que la decisión de López de trascender el envoltorio religioso de la obra y primar su carácter de parábola de la vivencia trágica del ser humano, según él mismo expone en las Notas para la dramaturgia incluidas en el programa, no logra los efectos deseables.
El reparto vocal estuvo encabezado por una Maite Alberola en plenitud de medios que dotó a Blanche de la Force de la justa hechura lírica y el temple dramático que requiere el personaje. La limpieza del timbre, la seguridad de la emisión, la nitidez de su dicción, la calidez del fraseo y la mesura del gesto fueron, sencillamente, ejemplares. También llamaron muy positivamente nuestra atención la verosimilitud escénica y la solvencia vocal de Eglé Wyss y Mar Morán en sus encarnaciones de la Madre Marie y la novicia Sor Constance, las tablas de Ana Ibarra como Madame de Croissy y el canto fácil y con gusto de Alejandro del Cerro en sus intervenciones como el Caballero de la Force.
No fue, pues, la noche soñada por los aficionados santanderinos, sometidos a una inacabable cuaresma de ayuno lírico, pero sí una para apreciar una ópera de la que muchos habían oído hablar, pero pocos habían escuchado.
Darío Fernández Ruiz
Poulenc: Dialogues des Carmélites
Maite Alberola, Elgé Wyss, Mar Morán, Alejandro del Cerro.
Orquesta Oviedo Filarmonía, Coro Joven de Santander, Coro Lírico de Cantabria.
Dirección musical: Pedro Halffter.
Dirección escénica: Francisco López
Sala Argenta del Palacio de Festivales de Cantabria, Santander
Foto © Miguel de Arriba