Dentro del ciclo de conciertos de abono 8 y 9 de la presente temporada, la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria junto a su director titular y artístico Karel Mark Chichon ofrecieron los 5 conciertos para piano de Beethoven junto al prestigioso pianista Rudolf Buchbinder, con el que en los últimos años han colaborado en varias ocasiones.
Beethoven ha sido uno de los pilares de la extensa carrera del pianista austriaco, tanto las sonatas como los conciertos para piano. No es la primera vez que ofrece juntos los 5 conciertos beethovenianos, en ocasiones tocando y dirigiendo el mismo desde el teclado, por lo que su conocimiento de estas estas piezas es indiscutible.
Su acercamiento a las mismas es equilibrado y se enmarca dentro de la mejor tradición vienesa. Son lecturas clasicistas y mesuradas, lejos del solista hipervirtuoso enfrentado a la orquesta, para integrarse con el conjunto orquestal como un primus inter pares, con el que establece un dialogo permanente en la senda de la música de cámara.
De tempi mesurados, una vez establecida la pulsación rítmica general para cada movimiento, la mantiene prácticamente inalterable, haciendo un uso limitado del rubato, desplegando un fraseo cómodo y bien calibrado, muy efectivo, de admirable claridad y equilibrio entre las dos manos, sin incurrir en precipitaciones. No es un músico pródigo en grandes despliegues de originalidad o imaginación, pero si estilísticamente impecable. La música se despliega con calma y sentido del desarrollo, sin grandes sorpresas, pero tampoco notorias caídas de tensión. La gama dinámica se mueve preferentemente en torno al mezzo forte, recurriendo a los extremos, pianísimos-fortisimos en contadas ocasiones.
Estas características generales se mantuvieron a lo largo de los 5 conciertos, con la lógica evolución desde los primeros conciertos, más cercanos al clasicismo, de pulsación más liviana, con una sonoridad más recogida, a los últimos, con un sonido de mayor calado y una utilización algo más amplia del rubato y los contrastes dinámicos, siempre dentro de una concepción general mesurada.
Impecable en los múltiples pasajes de virtuosismo, valgan como ejemplos los entrecruzamientos de manos en el rondo del Primer Concierto o las escalas de apertura del Concierto Emperador, llegó al final de la serie incólume, sin manifestar durezas en el sonido o imprecisiones de digitación. Fue precisamente en el concierto ofrecido en último lugar, el tercero, donde a mi juicio logró las más altas cotas de la serie por una mayor implicación emocional, mientras en el resto del ciclo, de envidiable nivel general, mantuvo un acercamiento algo más distanciado.
Chichon y la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria proporcionaron un soporte instrumental impecable. La lectura de Chichon de estos conciertos, más temperamental y angulosa que Buchbinder, de ataques más marcados, tendente a tempi más vivos, no desentonó de la visión más relajada del solista, sino que proporcionó un atractivo contraste, en el que batuta y solista se pasaban el testigo en el seno de una conversación, que redundó en beneficio del resultado final. Especialmente destacables los diálogos entre el piano y los solistas de madera o trompas en los conciertos impares o la claridad con que se escuchó a la cuerda grave, cellos y contrabajos, con esa sonoridad tan propia de la música orquestal de Beethoven.
Juan Francisco Román Rodríguez
Rudolf Buchbinder, piano.
Orquesta Filarmónica de Gran Canaria / Karel Mark Chichon.
Obras de Beethoven.
Auditorio Alfredo Kraus. Las Palmas de Gran Canaria.